La piel tibia y húmeda después de una ducha funciona como una «esponja» más receptiva. El aumento de la temperatura corporal y la humedad no solo abren los poros, sino que también aumentan temporalmente la circulación sanguínea superficial, lo que ayuda a que las células de la piel estén más preparadas para absorber los nutrientes y los ingredientes beneficiosos de la mascarilla.
El momento perfecto para aplicar una mascarilla facial es justo después de ducharse, ya que el vapor del baño abre los poros. Esto garantiza que los ingredientes activos penetren mucho más profundo y rápido en la piel, logrando un efecto gratificante y superior al de una aplicación con la piel fría.
Arcilla de bentonita, caolín, carbón activado.Absorbe el exceso de grasa y las impurezas. Desintoxica y ayuda a reducir los poros.Piel grasa, propensa al acné, con poros dilatados.
Ácido hialurónico, glicerina, ceramidas, extractos de aloe vera.Aportan hidratación intensa y rellenan las líneas finas por deshidratación. Calman y suavizan la piel.Piel seca, deshidratada, o sensible.
Ácidos AHA (Glicólico, Láctico) o BHA (Salicílico), enzimas de frutas.Disuelven las células muertas de la piel, revelando una piel más luminosa. Mejoran la textura y el tono.Piel opaca, con textura irregular, o propensa a imperfecciones leves.
Sérums concentrados de vitaminas, péptidos, o extractos botánicos.Ofrecen una dosis intensiva de ingredientes activos. Son relajantes y fáciles de usar, sin necesidad de enjuague.Todo tipo de piel, especialmente para un boost de hidratación y luminosidad antes de un evento.
Miel (antibacteriana), avena (calmante), yogur (ácido láctico).Proporcionan soluciones personalizadas y suaves con ingredientes frescos y conocidos.Piel sensible o para quienes prefieren evitar conservantes y químicos complejos.